Qué publicamos sobre Illustrator

Atajos, ajustes y flujos de trabajo concretos. Illustrator es una herramienta enorme en la que casi todo el mundo usa el mismo diez por ciento, y buena parte del tiempo que se pierde ahí dentro se recupera con tres o cuatro costumbres distintas.

No son artículos de nivel inicial ni tratan de enseñar a dibujar. Están escritos para quien ya trabaja con el programa a diario y quiere quitarse de encima los pasos repetitivos que hace sin pensar.

También escribimos sobre cuándo no usarlo. Illustrator es vectorial y hay trabajo que no lo es: maquetar un documento de treinta páginas, retocar una fotografía o montar una interfaz son tareas que otros programas resuelven mejor y en bastante menos tiempo. Insistir en hacerlo todo aquí es una costumbre cara.

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Los atajos que de verdad se usan

Las listas de cien atajos no sirven: nadie memoriza cien. Preferimos señalar los pocos que cambian el ritmo de trabajo de verdad y explicar en qué situación concreta se usa cada uno, que es lo que hace que se queden.

Los procedimientos paso a paso de otras herramientas viven en tutoriales.

Preparar archivos para quien viene después

Un archivo de Illustrator bien organizado —capas nombradas, mesas de trabajo con sentido, versiones claras— es la diferencia entre retomar un proyecto en diez minutos o en dos horas. También entre poder pasárselo a alguien o tener que explicárselo.

Es la parte menos vistosa del oficio y la que más agradece el yo del mes que viene.

Exportar sin sorpresas

Buena parte de los problemas con archivos de Illustrator aparecen al exportar: trazados que debían ser contornos, colores que cambian al pasar a pantalla, SVG que pesan de más porque arrastran metadatos que nadie necesita.

Lo que tiene que ver con cómo se ven esas piezas ya publicadas está en diseño gráfico.

Illustrator y el resto del flujo

Casi ningún archivo termina en Illustrator: sigue hacia una web, una imprenta, una presentación o el móvil de un cliente. Pensar en ese destino desde el principio ahorra rehacer, y es donde más veces se pierde tiempo.

Escribimos sobre esos traspasos: qué formato pedir según a dónde va, cómo entregar a alguien que no tiene el programa, y qué comprobar antes de dar algo por cerrado. Un archivo impecable que llega mal al destino final no sirve de nada, y el problema casi siempre se detecta al final, cuando corregir cuesta el doble.

Para quién está escrito

Para diseñadores que ya viven dentro del programa. Si buscas el criterio visual antes que la herramienta, empieza por diseño gráfico.

Hay además una parte de Illustrator que no es técnica sino de método: nombrar bien, versionar sin acumular veinte archivos, y saber cuándo un documento se ha vuelto tan pesado que conviene rehacerlo limpio en vez de seguir arrastrándolo.

Son costumbres que no se aprenden en tutoriales porque no tienen pasos, se aprenden perdiendo trabajo una o dos veces. Preferimos contarlas para que la lección salga más barata.

Un asunto recurrente aquí es el de las tipografías. Una fuente que se ve bien en pantalla puede no tener licencia para lo que se va a hacer con ella, y eso se descubre casi siempre tarde: con el archivo ya en imprenta o con el cliente preguntando si puede usarla en su web. Comprobar la licencia antes de empezar cuesta cinco minutos.

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