Proyectos

Qué hay en estos proyectos

Diecisiete casos repartidos en cuatro tipos de trabajo que se solapan más de lo que sugieren las etiquetas: marcas construidas desde cero, sitios rehechos, tiendas en línea y sistemas que hubo que programar porque ninguna herramienta comprada encajaba.

Muchos aparecen en más de una categoría, y no por acumular etiquetas: una marca que se diseña a la vez que su web toma decisiones distintas de las que tomaría por separado, y una tienda es un sitio con una capa más encima.

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Qué se ve y qué no

Cada ficha muestra el resultado: la marca aplicada, las pantallas, el empaque. Lo que no cabe en una galería es el porqué, que es donde de verdad se decide un proyecto, así que bajo las imágenes de cada ficha hay una explicación del problema que tenía por delante.

Lo que no vas a encontrar son cifras de resultado. Publicarlas sin poder mostrar de dónde salen no informa a nadie, y quien las pide con razón suele preferir preguntarlas en una conversación.

Cómo elegir por dónde entrar

Si te interesa una disciplina concreta, los filtros de arriba llevan a branding, desarrollo web, tienda virtual y desarrollo a la medida, y cada una explica qué comparten sus casos.

Si lo que buscas es una situación parecida a la tuya, suele funcionar mejor mirar por problema que por sector: un portal con años de capas acumuladas se parece más a otro portal con el mismo problema que a otra empresa del mismo ramo.

Por qué el portafolio no está completo

Aquí no está todo lo que hemos hecho. Falta el trabajo sujeto a confidencialidad, el que quedó a medias por razones ajenas y el que se hizo hace años y ya no representa cómo trabajamos hoy.

Un portafolio exhaustivo sería más largo y menos útil: lo que ayuda a decidir no son cien miniaturas, sino unos cuantos casos con su contexto.

Lo que casi nunca se enseña

Un portafolio muestra el estado final, y eso deja fuera la parte que más se parece a lo que va a vivir quien contrata: las versiones descartadas, la decisión que se revisó a mitad de camino, la restricción que apareció tarde y obligó a rehacer una pieza.

No es que se oculte por quedar mal; es que un caso contado con todo el proceso ocupa varias páginas y casi nadie lo lee. Lo que sí hacemos es escribir aparte lo que aprendemos de esos tropiezos, sin nombres de cliente, en el blog.

Si estás evaluando a quién encargarle un proyecto, preguntar por lo que salió torcido y cómo se resolvió suele ser más informativo que mirar diez portafolios seguidos. Nosotros respondemos a eso con gusto.

Cómo empieza uno de estos proyectos

Con una conversación sobre lo que hay que resolver, no sobre lo que hay que entregar. La diferencia importa: quien llega pidiendo una web a veces necesita una web, y a veces necesita ordenar antes lo que va a poner dentro.

Si algo de lo que ves aquí se parece a lo que tienes delante, cuéntanoslo. Y si prefieres leer antes de hablar, en el blog está buena parte del criterio con el que se tomaron estas decisiones.