Proyectos de Desarrollo a la medida

Qué se ve en estos proyectos de desarrollo a la medida

Cinco casos en los que lo que hacía falta no existía comprado: Grupo Colpatria, Tuyomotor, Autofinanciera, S&V Asesores y Nitrosoil. Sectores distintos con una misma situación de partida: un proceso que la empresa ya hacía a mano y que ninguna herramienta del mercado cubría sin deformarlo.

El desarrollo a la medida se justifica exactamente ahí y no antes. Cuando existe una herramienta que resuelve el ochenta por ciento, casi siempre sale mejor adaptarse a ese ochenta que construir el cien: lo construido hay que mantenerlo, y ese coste no aparece en la primera cotización.

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La pregunta previa: ¿de verdad hace falta?

Es la conversación que procuramos tener antes de escribir una línea, y la que más proyectos ha evitado. Muchas veces lo que parece un desarrollo a la medida es un proceso mal documentado, y ordenarlo cuesta una décima parte.

Cuando después de esa conversación sigue haciendo falta, suele ser por una de dos razones: el proceso es lo que diferencia a la empresa de su competencia, o el volumen ya no cabe en una hoja de cálculo.

Automatizar lo repetido

La mayoría de estos casos empiezan en tareas que alguien hacía manualmente varias veces por semana: recopilar datos de dos sistemas que no se hablan, generar el mismo documento cambiando cuatro campos, avisar a la persona siguiente de que ya puede continuar.

Ninguna de esas tareas es difícil por separado. Juntas consumen horas que no se contabilizan en ninguna parte y se llevan por delante la atención de quien debería estar en otra cosa. El criterio para decidir qué automatizar está en la página de transformación de procesos.

Construir para que otro lo mantenga

Un desarrollo a la medida que solo entiende quien lo escribió es un problema aplazado. En estos proyectos eso se trabaja desde el principio: código legible, decisiones documentadas y una frontera clara entre lo que se configura y lo que se programa.

Es lo que permite que una empresa cambie de proveedor sin rehacer el sistema, y conviene exigirlo aunque no se piense cambiar nunca.

Empezar por lo que ya cuesta dinero

La tentación en un proyecto a medida es construirlo entero antes de encenderlo. Sale mejor al revés: resolver primero el cuello de botella que hoy está costando horas o ventas, ponerlo a funcionar, y decidir lo siguiente con el sistema ya en uso.

Lo que se descubre usándolo el primer mes cambia la lista de prioridades más que cualquier reunión previa.

Convivir con lo que ya está instalado

Ninguno de estos desarrollos llegó a una empresa vacía. Siempre había ya un sistema contable, un correo corporativo, hojas de cálculo con años de historia y alguna herramienta que nadie quiere tocar porque funciona. Lo nuevo tiene que entrar ahí sin obligar a cambiarlo todo de golpe.

Esa convivencia es la mitad del trabajo y la que más determina si la gente acaba usando el sistema o volviendo a la hoja de cálculo de siempre, que es el final habitual de los proyectos que ignoran esta parte.

Cómo leer estas fichas

Los cinco casos aparecen también en proyectos de desarrollo web, porque el sistema a medida convive con el sitio. La parte de herramientas y procesos internos la tratamos en herramientas para empresas.