Cómo miramos las tendencias

Con distancia y bastante escepticismo. Cada año aparecen listas de tendencias que se parecen sospechosamente a las del año anterior, y una parte de lo que anuncian no llega a ninguna parte. Esta categoría intenta separar lo que de verdad cambia la forma de trabajar de lo que solo cambia el aspecto de las presentaciones.

El criterio que aplicamos es simple: una tendencia importa si modifica una decisión. Si después de leerla el trabajo sigue igual, era una moda con buen titular.

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Lo que suele quedarse

Casi siempre lo que resuelve un problema real y aburrido: formatos que cargan más rápido, herramientas que quitan pasos manuales, convenciones que la gente ya entiende sin explicación. Rara vez lo que se anuncia como revolucionario.

Cuando una tendencia afecta al oficio visual la tratamos también en diseño gráfico, y si toca lo técnico, en desarrollo web.

Adoptar a destiempo cuesta caro

Llegar primero a una tendencia que no cuaja significa rehacer el trabajo. Llegar tarde a una que sí cuajó significa parecer desactualizado durante un tiempo. Ninguno de los dos extremos es gratis, y elegir cuándo moverse es tan importante como elegir hacia dónde.

Escribimos sobre ese cálculo, que depende bastante del sector y del margen que tenga cada negocio para equivocarse.

Tendencias con fecha

Algunos artículos de esta categoría llevan un año en el título y envejecen a propósito: sirven para mirar atrás y comprobar qué se cumplió. Es un ejercicio útil y poco frecuente, porque casi nadie vuelve sobre sus propias predicciones.

Distinguir tendencia de capricho

Hay una prueba que funciona razonablemente bien: preguntarse qué problema resuelve. Si la respuesta es «se ve moderno», probablemente sea una moda visual con fecha de caducidad. Si la respuesta es «quita un paso», «carga más rápido» o «la gente ya lo entiende sin explicación», suele quedarse.

La segunda prueba es mirar quién la promueve. Las tendencias que empujan quienes venden la herramienta necesaria para adoptarlas conviene mirarlas con más calma que las que aparecen porque mucha gente resolvió lo mismo por su cuenta.

El ejemplo que tenemos delante ahora mismo es la inteligencia artificial, y sirve bien para ilustrar la diferencia. Una parte es infraestructura que ya cambió cómo se trabaja y no va a volver atrás. Otra es una capa de novedad pegada a productos que funcionaban igual sin ella. Separar las dos cosas dentro de la misma palabra es exactamente el trabajo de esta categoría.

Para quién está escrito

Para quien tiene que decidir si invertir en algo nuevo o esperar, y prefiere hacerlo con argumentos en vez de por no quedarse atrás.

Y conviene recordar que muchas de las tendencias que hoy damos por asentadas —el diseño que se adapta al móvil, las tipografías variables, el modo oscuro— fueron en su momento una lista más de predicciones anuales. La diferencia es que resolvían algo que molestaba a mucha gente a la vez.

Ese es el filtro que aplicamos al escribir aquí: no cuánta gente habla de una tendencia, sino cuántos problemas reales desaparecen si se adopta. Con ese criterio, la mayoría de las listas de enero se quedan en tres o cuatro elementos, y son precisamente los que vale la pena mirar con calma.

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