Mecero

Mecero, imagen 1

Una identidad que nace en pantalla

Cuando el producto es digital, la marca no se aplica al final sobre una interfaz ya hecha: nace con ella. Los tamaños, los estados de un botón, cómo se comporta el color sobre fondo claro y oscuro son decisiones de identidad tanto como el logotipo.

Este proyecto aparece a la vez en branding y en desarrollo web, y esa doble presencia es literal: se resolvieron juntas.

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El sistema antes que las pantallas

En un producto digital la marca se sostiene sobre un sistema: una escala tipográfica, un conjunto corto de colores con sus usos definidos, unos espacios que se repiten. Sin eso, cada pantalla nueva se diseña desde cero y a los seis meses ninguna se parece a la anterior.

Definirlo pronto es lo que permite añadir pantallas después sin que el conjunto se descomponga.

Contraste y tamaños mínimos

Una paleta elegida en una pantalla grande y bien calibrada puede volverse ilegible en un teléfono al sol. Comprobar el contraste real y fijar tamaños mínimos no es una restricción a la creatividad: es lo que evita que el diseño solo funcione en la presentación.

Está desarrollado en artículos sobre diseño web.

Lo que se rompe al crecer

Un producto digital añade funciones, y cada función nueva pone a prueba las decisiones iniciales. La pantalla que se diseñó para tres opciones deja de servir con doce; el color que solo distinguía dos estados no alcanza para cinco.

Prever ese crecimiento no significa diseñarlo todo por adelantado —eso nunca acierta— sino dejar el sistema con margen: una escala que admite un paso más, una paleta con sitio para un estado nuevo.

Trabajo relacionado en proyectos de branding.